VIAJE A POLONIA Marzo 2019

Lugares visitados

Respecto al planning que programamos inicialmente nos hemos ceñido a él:

1 – Cracovia. La segunda ciudad más grande de Polonia con 750.000 habitantes aproximadamente. Nos centramos en el centro histórico, el barrio judío y el antiguo gueto judío. A lo largo del diario detallaré más, qué sitios y zonas vimos concretamente.

2 – Minas de sal de Wieliczka. Esta pequeña población cercana a Cracovia alberga unas de las minas de sal más importantes y recibe el sobrenombre de «la catedral subterránea de la sal de Polonia». Cuenta con un recorrido turístico de 3,5km durante el cual se pueden presenciar esculturas y hasta una enorme capilla esculpidas en sal.

3 – Campo de concentración de Auschwitz. Declarado Patrimonio de la Humanidad en 1979 como uno de los lugares de mayor simbolismo del Holocausto. Fue el mayor centro de exterminio (1940-1945) y en él murieron cerca de 1.100.000 personas de los cuales el 90% fueron judíos. En 1947 se creó el museo que hoy se puede visitar y que se conoce como “Museo estatal Auschwitz-Birkenau.”

4 – Varsovia.  La capital de Polonia y la ciudad más poblada con 1.750.000 habitantes. El 90% de la ciudad fue destruida durante la segunda guerra mundial y el centro histórico guarda un gran encanto tras su reconstrucción, siendo declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1980. En este caso también nos centramos en el centro histórico, el pintoresco barrio de Praga y la zona del Palacio de la cultura y la ciencia.

Itinerario del viaje (2 Marzo – 9 Marzo)

Día 1 (Sábado 2 Marzo): Salida de Girona.

Este día cogíamos nuestro avión rumbo a Cracovia a las 20:20h desde el aeropuerto de Girona. Y sobre las 10:00h recogimos nuestro coche de alquiler de las oficinas de AVIS Pamplona.

Preferíamos salir con tiempo e ir tranquilamente, según el GPS el trayecto dura 5h 10minutos. Hicimos un par de paradas para comer y estirar las piernas y sobre las 18:00h devolvimos el coche en la oficina de AVIS.

Habíamos hecho el checking online previamente, porque de lo contrario Ryanair te cobraba una comisión mayor de lo que nos había costado el billete, bastante vergonzoso. Pasamos los pertinentes controles de seguridad y llegamos a la puerta de embarque con bastante antelación.

El problema fue que hubo retraso y el avión que debía salir a las 20:20 terminó saliendo dos horas después. Por lo que aterrizamos sobre la 01:00h. Más vale que para acceder al apartamento que habíamos reservado, no dependíamos de que nadie nos entregara las llaves, porque nos habían facilitado un código para abrir un candado dónde poder cogerlas en la puerta del alojamiento. Una medida cada vez más extendida y que resulta muy cómoda. Durante nuestro viaje en Sudáfrica también vimos este sistema.

Al llegar al aeropuerto cogimos un taxi (una furgoneta) y por el precio de 22€ nos llevó a nosotros 6 y a una chica que iba sola y le ofrecimos compartir el taxi hasta el centro de Cracovia.

De este modo, dos horas más tarde de lo previsto y algo cansados llegamos al apartamento dónde pasaríamos las próximas cuatro noches.

Guseppe Apartment (2 Józefa, Centro histórico, 33-332 Cracovia, Polonia). Con buena puntuación en booking (9,2) y con un buen precio de 9,86€ persona/noche.                        

El apartamento estaba bien situado y contaba con dos camas de matrimonio, un sofá cama, cocina y baño. No era muy grande, pero estaba bien. Mi valoración calidad/precio es bastante buena. Si acaso, algo que me llamó la atención fue que tanto las sábanas como las mantas de las camas eran algo pequeñas. Las mantas sin ir más lejos no sobresalían lo más mínimo del perímetro de la cama, y eso provocaba que todas las noches alguno se quejara de haber dormido escaso de manta.

Día 2 (Domingo 3 Marzo): Día por Cracovia.      

Después de un sueño reparador y alguna hora menos de sueño de las que hubiéramos deseado por el contratiempo del día anterior, nos fuimos levantando y duchando de modo escalonado. De modo que hasta las 10:00h no salimos del apartamento y sin desayunar todavía. Siendo seis personas y un único baño….

El día había amanecido algo nublado y fresco. Lo primero que hicimos fue ubicarnos y dirigir nuestros pasos hacia el centro a la vez que buscábamos alguna cafetería para desayunar algo. Enseguida encontramos una bien surtida de bollos y pasteles con bastante buena pinta y tomamos un café con un bollo, por el módico precio de 2€ cada uno.

Nuestro siguiente objetivo era hacer un freetour en castellano por el centro histórico de Cracovia. Habíamos leído que la mayoría salen de la plaza del mercado y en concreto alguno de ellos a las 11:00h. Nos encontrábamos a poco más de diez minutos de allí e íbamos algo justos de tiempo. Finalmente llegamos a tiempo a la plaza y allí había varios grupos con paraguas (los guías llevan un paraguas con una bandera del idioma en el que se hace el freetour), el que habíamos leído ponía concretamente en la puerta de la basílica de Santa María.

Nuestra guía fue una chica de Cracovia que hablaba bastante bien el castellano y había logrado congregar un nutrido grupo de turistas (30 personas aproximadamente) expectantes ante lo que nos pudiera explicar durante las 2,5h que duraría aproximadamente la visita turística.

De este modo, haríamos un primer reconocimiento de la ciudad viendo algunos de los sitios de mayor interés que nos permitiría situarnos un poco. Desde nuestra experiencia, en general recomendamos hacer freetours.

La numeración del mapa superior muestra el recorrido que seguimos durante el freetour y los principales sitios que nuestra guía nos fue mostrando acompañados de sus correspondientes explicaciones:

1. Stare Miasto (Plaza del Mercado)

Se trata del centro neurálgico de Cracovia. Una preciosa plaza llena de vida, de grandes dimensiones y cuyo origen se remonta al siglo XIII. En ella se centralizaba el comercio de la ciudad y se impartía justicia a los ladrones y maleantes de la época de manera pública.

En el centro de la plaza destaca la lonja de los paños. Un edificio rectangular de origen renacentista donde los comerciantes realizaban los trueques y negocios.

2. Basílica de Sta María.

De estilo gótico, se comenzó a construir durante el siglo XVI y las obras se dilataron durante un siglo. Destaca por sus dos torres desiguales, tanto en altura como en su forma. Cuenta la tradición que rodea la construcción de dichas torres, cómo fueron dos hermanos los encargados de construir cada una de ella. El hermano menor, movido por la envidia de que el mayor estuviera haciendo una torre más alta, lo asesinó y luego se suicidó.

La torre más baja cumple su función como campanario, mientras que la torre más alta se empleaba como vigía y desde ella toca un trompetista, cada hora, una melodía en honor a un vigilante asesinado por una flecha durante un asedio a la ciudad, mientras hacía sonar su trompeta para dar la alarma.

En el interior destaca el mayor retablo de madera de Europa. Para visitarlo hay que pagar 10zlot.

3. Teatro Juliusza Słowackiego.

Esta construcción de estilo ecléctico fue el proyecto más caro de la Cracovia del siglo XIX, de hecho, fue el primer emplazamiento que contó con alumbrado eléctrico.

Su construcción estuvo rodeada de controversia al utilizar un solar donde se encontraba una iglesia del siglo XIV y un convento.

En el año 1909 el teatro recibió el nombre del poeta Juliusz Słowacki, para conmemorar el C aniversario de su nacimiento.

4. Barbacana de Cracovia.

Antiguamente Cracovia estaba fortificada y la Barbacana es una de sus estructuras defensiva más representativa.

De planta circular y rodeada por un foso, custodiaba el acceso a la puerta de San Florián.

El edificio cuenta con siete torreones de vigilancia y numerosas “ventanas” desde dónde los arqueros hostigaban al enemigo.

5. Puerta de San Florián.

Uno de los accesos principales al centro histórico de la ciudad, de base cuadrada y 34m de altura antiguamente estaba unida con la barbacana formando un entramado defensivo, así mismo daba inicio al conocido como camino real de Cracovia, que transitaban los reyes hasta el castillo de Wawel, el día de la coronación real.

Esta entrada accede a la calle Florianska que desemboca en la plaza del mercado.

6. Torre del ayuntamiento de Cracovia.

Construida en el siglo XV, ubicada en la plaza del mercado, esta torre es lo único que queda del antiguo ayuntamiento de la ciudad medieval que fue demolido en 1820.

Su céntrica ubicación y sus 75m de altura bridan unas buenas vistas del centro histórico. No cuenta con ascensor y la entrada cuesta 9 zloty.

Nosotros no subimos.

7. Universidad de Jagiellonska.

Universidad fundada en 1364 por Casimiro II está considerada como una de las más antiguas de Europa. En ella estudiaron personajes ilustres como Nicolás Copérnico o Juan Pablo II.

Fue reconstruida en el siglo XVI en el estilo gótico actual.

Actualmente se puede visitar de forma gratuita el patio interior, que fue lo que vimos en le freetour. Si se desea visitar el interior, se debe pagar una entrada de 12 zlotys. Nosotros no visitamos el interior.

8. Palacio Arzobispal de Cracovia.

Polonia tiene muy arraigado el catolicismo, personificado en la figura del antiguo Papa Juan Pablo II. Es por ello que durante el freetour, las menciones al antiguo pontífice fueron numerosas.

Concretamente durante esta parada, nos mostró la imagen de Juan Pablo II que corona una de las puertas del palacio Arzobispal. En este palacio se hospedó mientras fue arzobispo y en el patio interior se encuentra una estatua suya con los brazos en señal de bendición.

9. Catedral de Wawel.

Se encuentra dentro del recinto del castillo de Wawel y representa el centro del poder eclesiástico y monárquico de Polonia, constituyendo el lugar de coronación de los monarcas polacos.

Cuenta con numerosas capillas laterales entre las que destaca la de Segismundo, coronada con una llamativa cúpula dorada.

Así mismo, en el interior también se puede visitar el mausoleo de San Estanislao, patrón de Polonia; la cripta, lugar de sepultura de reyes y héroes polacos y la campana de Segismundo de doce toneladas de peso.

10. Castillo de Wawel.

Fue la primera residencia de los reyes polacos. Con el traslado de la capital a Varsovia, el castillo cayó en el abandono.

Durante la segunda guerra mundial fue tomado por gobernadores nazis.

Dentro del recinto, bastante extenso, se pueden encontrar los siguientes lugares: Catedral de Wawel, Museo Catedralicio Juan Pablo II, Cueva del Dragón y el Palacio Real. A su vez el Palacio Real cuenta con diferentes estancias que se pueden visitar por separado, pagando también por separado.

11. Dragón de Wawel.

Uno de los símbolos de la ciudad, situado a la salida de la cueva del dragón. Se trata de una estatua realizada en 1971 y que echa fuego en intervalos de 5 minutos.

La leyenda que lo rodea cuenta como un dragón devoraba a los ciudadanos sin que nadie supiera qué hacer. Fue un joven zapatero a quien se le ocurrió rellenar con azufre una piel de cordero que él cosió, cuando el dragón se lo comió, le produjo tanta sed que se bebió tanta agua del río Vístula, hasta que explotó.

Aquí terminó nuestro tour guiado por el centro histórico, la guía se despidió de nosotros y la gente le pagó lo que quiso, así son los freetours. En nuestro caso, le pagamos unos 35€ en total (casi 6€ por persona), tenemos entendido que lo habitual suele ser pagar unos 5€ aproximadamente. Nosotros terminamos satisfechos con el tour, cumplió con las expectativas.

Durante la visita, la guía nos había hablado de lo peroggies, como algo qué debíamos probar, muy típico de allí. Son como empanadillas cocidas, aunque también se pueden comer fritas. Eso nos había abierto el apetito y decidimos acercarnos por el barrio judío de Kazimiers para tomar algo y comer.

El barrio judío es dónde nos hospedábamos, situado bastante cerca del Castillo de Wawel. Lo primero que hicimos fue ir hasta la Plaza Nowy mientras ojeábamos dónde tomar una cerveza, antes de comer. Entramos en un bar que parecía un local abandonado desde fuera, “Alchemia”, por dentro tenía un aspecto peculiar y estaba a rebosar, no había mesa disponible. De este modo fuimos buscando por varios bares hasta dar con otro en el que encontramos mesa, “Eszeweria”, también tenía una decoración original con máquinas de coser antiquísimas por las mesas y retratos de otra época, nos sentamos y tomamos una pinta de cerveza cada uno, que nos costó 2€ por persona, la cerveza en general es muy barata.

Al salir, cerca de las 15:40h, buscamos algún sitio donde comer y tras varios intentos infructuosos, terminamos en un bar/cafetería “Hevre” dónde no comimos ni mucho menos la mejor comida del viaje por el precio que pagamos. En el piso de arriba tenían unos puestos de ropa y después de comer las chicas quisieron subir a curiosear un poco.

Después decidimos callejear un poco por el barrio. Pasamos y entramos brevemente a la Basílica del Corpus Christi y terminamos cruzando el río Vístula por la pasarela Père Ojca Bernatka, que cuenta con varias figuras a lo largo de la longitud del puente, entre las dos pasarelas.

De allí fuimos paseando continuando el curso del río hasta volver al centro histórico. Llegamos hasta la plaza del mercado y tras echar una ojeada a los puestos de la lonja de los paños decidimos parar en algún sitio donde hidratarnos de nuevo.

La guía nos había contado que el centro histórico tiene un denso entramado subterráneo, incluso hay un museo desde 2005 para visitar el subsuelo de la plaza del mercado. Es por ello que muchos bares por esa zona, cuentan con grandes galerías subterráneas dignas de visitar y perderte por ellas. Entramos a uno de ellos y tomamos una ronda de cerveza y probamos unos chupitos de Vodka de sabores (fresa, avellana y normal) bastante típicos. Así se nos hizo la hora de cenar.

Habíamos leído de un sitio céntrico “Gospoda Koko” dónde se cenaban platos locales a muy buen precio y fuimos a buscarlo. Estaba bastante cerca y bajamos al piso inferior dónde encontramos una mesa para todos. Nos llamó la atención que nadie venía a atendernos y al cabo de un rato nos enteramos de que no venían a tomar nota a la mesa, sino que teníamos que ser nosotros los que fuésemos a una de las barras a pedir la comanda y a otra a pedir las cervezas. En general el trato de los camareros no nos resultó muy amistoso, aunque cenamos a buen precio, como habíamos leído.

Día 3 (Lunes 4 Marzo): Antiguo gueto Judío y las minas de sal de Wieliczka.

Nos levantamos sobre las 08:00h y nos fuimos duchando y preparando. Las dos primeras en ducharse bajaron a un SPAR cercano a comprar cosas para desayunar. Desayunamos tranquilamente y decidimos acercarnos hacia la fábrica de Oskar Schlinder, siendo lunes habíamos leído que la entrada era gratuita. Para llegar allá teníamos un 25min de paseo, el día había amanecido bastante más claro que el día anterior y la temperatura era agradable para ser Marzo (unos 12ºC y se esperaban máximas de 17ºC).

Para cuando llegamos allí, en torno a las 11:00h, ya no quedaban entradas, como era de esperar, nos lo habíamos tomado con demasiada calma, el miércoles lo volveríamos a intentar.

Volvimos sobre nuestros pasos hasta llegar a la Plaza de los héroes del gueto en honor a los judíos deportados. En ella se pueden ver numerosas sillas, 70 concretamente, como monumentos. Nos encontrábamos en la zona que fue el gueto judío entre 1941 – 1943 y según tengo entendido en esta plaza se realizaba la selección judíos que irían a los campos de concentración más cercanos (Plaszow o Auschwitz) donde les engañaban pensando que les llevaban a algún lugar mejor. Los judíos se sentaban en unas sillas mientras aguardaban su fatídico destino y de ahí el motivo de éste monumento.

En una de las esquinas de la plaza se encuentra otro enclave bastante importante de la historia de este gueto, la Farmacia del Águila (Apteka pod Orlem). Sin ser tan conocida como la fábrica de Oskar Schlinder, ésta farmacia también presto ayuda encubierta a numerosos judíos del gueto a espaldas de los alemanes. Tadeusz Pankiewicz y su personal polaco regentaban esta farmacia de guardia y por su labor fue honrado con el título de “Justo entre las naciones”. En 1967 la farmacia cerró y años después se convirtió en el museo que hoy en día se puede visitar.

El precio por visitarla es de 10 zlotys para adultos y 8 zlotys para estudiantes. Su horario es de 09:00-17:00h de martes a domingo (segundo martes de mes cerrado) y los lunes de 10:00-14:00h de entrada gratuita.

Decidimos entrar y como era lunes, tuvimos suerte de no tener que pagar entrada. La visita superó mis expectativas. No es muy grande, pero cuenta con muchos paneles informativos y audios para poder conocer la historia que rodeó aquella farmacia y el gueto. Me resultó interesante, pero es verdad que a mí personalmente llegó un momento que me saturé de tanto leer en inglés.

Después de algo más de una hora decidimos continuar la visita por el gueto y fuimos en busca de algunos de los trozos del antiguo muro que todavía siguen en pie. Dimos algo de vuelta, pasando por una iglesia, la Iglesia de San José y llegamos hasta este fragmento del muro (punto 6 del mapa), situado en una zona con unos columpios antiguos (como los que había aquí hace 25 años) y un pequeño parque algo abandonado.

Para estas alturas el reloj marcaba la 13:00h y teníamos que comer y coger el tren que nos llevaría a el pequeño pueblo de Wieliczka para visitar las minas. Nuestra intención era coger algún tren que saliese sobre las 15:00h. El trayecto dura algo menos de 30min desde la estación central de Glówny (Cracovia).

Desde donde nos encontrábamos teníamos unos 50min caminando hasta la estación.  De camino pasamos por otro fragmento del antiguo muro del gueto judío (marcado con el 7 en el mapa del principio del día) y de ahí cruzamos el puente y enfilamos la avenida Starowislna, donde aprovechamos para comprar pan en una panadería y sacar dinero de un cajero automático.

Ya en la estación lo primero que hicimos fue comprar 6 billetes de tren por unos 90 céntimos cada uno, que salía a las 15:10h. Nos restaban 30min aproximadamente. Nos preparamos unos bocadillos de jamón con el pan que habíamos comprado y buscamos el andén.

Según la hora prevista, llegamos a Wieliczka sobre las 15:35h y lo primero que hicimos fue buscar la entrada a las minas dónde debíamos imprimir los billetes para la visita guiada en castellano que llevábamos reservada con antelación para las 16:40h. Fue bastante fácil, porque se encontraba muy cerca de la estación. Así que imprimimos los billetes y decidimos tomar una café en un bar cercano para hacer algo de tiempo.

Para hacer esta visita elegimos el último horario que había disponible para aprovechar el mayor tiempo de luz durante el día, ya que la visita sería subterránea, por lo tanto, nos daba lo mismo que oscureciera.

A las 16:40h nos congregamos un grupo de unas 15-20 personas aproximadamente en la puerta del recinto. La guía era una chica que hablaba bastante bien el castellano, que nos entregó unos cascos a cada uno. Ella hablaba y el sonido se amplificaba en los cascos. Lo primero que hicimos fue bajar durante un buen rato por unas escaleras hasta el inicio del recorrido por la mina. Una vez abajo, comenzó a guiarnos por las diferentes galerías y nos fue explicando la historia que rodea este curioso lugar.

Se tratan de una de las minas de sal activas más antiguas del mundo con una longitud que supera los 300km de los cuales se visitan únicamente 3,5km. Han sido declaradas como patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Durante la visita se recorren 22 cámaras con esculturas talladas en sal, antigua maquinaria y herramienta que se usaban anteriormente, pozos subterráneos y sobre todo la capilla de Santa Kinga.

La visita duró unas 2-2,5h aproximadamente y cumplió las expectativas. La capilla de Santa Kinga tallada en sal con un montón de figuras y retratos esculpidos en sus paredes me pareció algo espectacular. Pienso que es una visita muy recomendable. Así mismo, cabe señalar que para salvar los 135m de profundidad, al finalizar la ruta, hay unos sencillos montacargas. No es necesario subir a pie.

A eso de las 19:00h salimos de allí y nos fuimos directamente a por el tren de regreso a Cracovia. Compramos los billetes de tren y cuando estábamos esperando se nos acercó el chofer de un autobús (están al lado) y nos comentó que el tren no iba a pasar y que con los billetes que habíamos comprado podíamos volver en su autobús hasta la estación central de Cracovia. Así que eso hicimos y poco antes de las 20:00h estábamos de nuevo en la estación de Glówny.

Nos acercamos hasta el centro histórico pasando por la puerta de San Florián y entramos en un café/bar llamado Camelot. Era un curioso local, no muy grande que nos pareció acogedor. Allí pedimos un par de raciones de peroggis y una ronda de pintas de cerveza mientras comentábamos las anécdotas e impresiones del día. Al salir estaba lloviendo y no nos complicamos mucho en buscar dónde cenar, además se había hecho algo tarde, doblamos la esquina, vimos un restaurante y entramos. Se llamaba ”Chłopskie Jadło”. Después vimos que era como una cadena porque había más como este por la ciudad.

El camarero fue súper amable con nosotros, cenamos muchísimo y todo bastante rico (sopas en pan, entrantes y una tabla gigante con un montón de tipos de carnes y guarniciones). Nos quedamos los últimos terminando de cenar, mientras barrían, y nos puso unos tuppers para llevarnos lo que había sobrado (lo cenaríamos al día siguiente). Resultó una de las cenas más caras del viaje 17€ por persona, pero comimos y bebimos hasta hartar y prácticamente con lo que nos sobró cenamos al día siguiente, por lo tanto, una relación calidad/cantidad/precio bastante buena.

De ahí volvimos casi rodando al apartamento y con el estómago demasiado lleno nos fuimos a dormir, que se no había hecho algo tarde y al día siguiente teníamos que madrugar más que los últimos días para coger el bus que nos llevaría hasta Auschwitz.

Día 4 (Martes 5 Marzo): Campo de concentración de Auschwitz-Birkenau.

A las 12:15h teníamos reservada la visita guiada al campo de concentración de Auschwitz y habíamos decidido “huir” de los packs turísticos que vendían, iríamos en el autobús de línea. Para ello habíamos estimado que debíamos coger algún autobús que saliese sobre las 10:00h desde Cracovia y, por lo tanto, sobre las 09:00h debíamos estar listos para salir de casa rumbo de nuevo a la estación central de Glówny que es dónde se encuentra también la estación de autobuses. Madrugamos más que los días pasados y sobre las 09:35h llegamos a las taquillas. Allí nos atendió una mujer bastante borde que no tenía ganas de prestarnos demasiada ayuda y finalmente compramos 6 billetes para un autobús que iba hacia el pueblo de Oswiecim (dónde está ubicado Auschwitz) por el precio de poco menos de 3€ cada uno.

A las 10:00h salió nuestro microbús bastante antiguo y bastante vacío. El trayecto duró algo más de 1,5h y fue haciendo unas cuantas paradas para recoger y dejar gente que subía y bajaba alternativamente, hubo momentos en que se llenó el microbús.

Cuando ya quedábamos pocos en el bus, éste se orilló y paró. Nos dijo que quienes íbamos a Auschwitz debíamos bajarnos allí (no parecía una parada oficial) y nos indicó la dirección que debíamos seguir. A menos de 500m se veía la entrada, no tenía pérdida.

La zona de la entrada estaba abarrotada de gente. Muchos grupos organizados, unos esperaban para entrar y otros salían después de haber terminado la visita. El tiempo estaba nublado, la temperatura era fresca y el viento soplaba bastante fuerte, por lo que no invitaba mucho a estar en la calle. Entramos en el edificio contiguo a la entrada y allí había algunos puestos de comida/bebida, suvenires y baños. Cogimos unos cafés de máquina, bastante caros (2,35€ cada uno).

Cuando quisimos entrar dentro, para la visita guiada, había un “control” previo que impedía acceder con bultos mayores que un folio DINA4. Tenían un cartel de ese tamaño y lo comparaban con tu mochila/bolso. Al lado, había una pequeña cabaña que cumplía la labor de consigna. Allí tuvimos que dejar 3 bultos por 1€ cada uno y volver al acceso. Pasado el primer control, había otro con detectores de metal (tipo a los aeropuertos) y a continuación te daban unos cascos con un pequeño sistema de audio que amplificaba la voz de la guía. Salías del edificio y allí nos reunimos con una mujer menuda que sería nuestra guía en castellano, el grupo era de unas 20 personas.

Comenzamos a las 12:15h, según los previsto. Primero nos hizo una pequeña introducción contextualizándonos sobre lo que íbamos a ver en el Auschwitz I. Inicialmente era un centro militar que posteriormente los alemanes lo convirtieron en campo de concentración. Más adelante se les quedó pequeño y a unos kilómetros de allí construyeron uno mucho más grande y precario con unas vías de tren que entraban hasta adentro, Auschwitz Birkenau.

Estábamos varios grupos y la guía hablaba muy bajito, por lo que los cascos venían muy bien. Primero entramos por la puerta principal donde destacaba el lema que los alemanes “vendían” a los prisioneros: Arbeit macht frei («El trabajo os hará libres»). Se abrió en mayo de 1940 y allí encerraron a judíos, gitanos, prisioneros de guerra y disidentes del régimen, hasta que en enero de 1945 llegaron los soviéticos. Se calcula que por allí pasaron un millón trescientos mil prisioneros (90% de ellos judíos), de los cuales un millón cien mil, murieron.

La guía hablaba muy bien el castellano y lo hacía pausadamente y aportando mucha información al relato que unido al ir cada uno con sus cascos, favorecía el que te sumergieras de lleno, dotándolo de mayor realismo y dramatismo si cabe. Se le notaba un profundo conocimiento sobre el tema y me pareció que lo hizo de un modo excelente.

Nos fue llevando por «las calles» del campo entre los barracones mientras nos iba explicando cosas. Primero entramos en varios que ya estaban habilitados como museos, preservando las estancias, pero en su interior habían ido poniendo fotos y algunas recreaciones o esculturas. Nos fue situando y explicando que al principio fue un lugar donde ingresaron presos políticos polacos, rusos y judíos. Se les despojaba de todo, se les daba unos zuecos de madera y unas raídas indumentarias, se les cortaba el pelo y se les asignaba un número. Se les usaba como mano de obra. Se les tenía engañados y algunos apenas duraban meses por las pésimas condiciones en las que vivían (muy poca comida, frío y larguísimas jornadas de trabajo). Nos mostró unas fotografías de una mujer que en un mes de cautiverio pasó de pesar 53kg a apenas 25kg. Daba mucha lástima. En ese mismo barracón, los pasillos estaban llenos de fotos de prisioneros con su cara, su número y su fecha de llegada y muerte.

Después nos relató como tenían un barracón dedicado exclusivamente para hacer todo tipo de tropelías y experimentos médicos con los prisioneros y que los gemelos les interesaban especialmente. Querían estudiar y averiguar cómo conseguir que las mujeres alemanas tuvieran gemelos para multiplicar más rápidamente su raza aria.

A continuación, pasó a la cuestión del exterminio y nos llevó a otro barracón que se conservaba intacto y se veían los camastros donde dormían 2 personas por cama (serían de unos 80cm de ancho) y el sótano que hacía de mazmorras. Abajo tenían unos zulos de 1x1m donde accedían por una gatera en el suelo y les castigan a pasar allí la noche a 4 presos juntos en ese reducido espacio (lo justo podían permanecer quietos y de pie) u otras salas donde les encerraban a oscuras y les taponaban la pequeña abertura que servía de ventana y terminaban asfixiados por la falta de oxígeno. Allí los pasillos eran bastante estrechos y teníamos que ir todos en fila india, parecíamos hormigas haciendo un circuito, era un flujo constante, un reguero de gente que entraba y otro que salía. El semblante serio y atormentado de todos los que nos cruzábamos, el silencio sepulcral, la tenue luz, los escalones desgastadísimos, el todo de aquella estampa hablaba por sí misma. Espeluznante y al mismo tiempo repugnante pensar en las mentes enfermas capaces de pergeñar semejante infausto lugar. Anexo a aquel barracón estaba el paredón donde fusilaban a otros presos rebeldes.

Luego nos llevó a otro barracón donde había una maqueta de las cámaras de gas de Auschwitz Birkenau (porque antes de abandonarlo los alemanes, lo bombardearon intentado eliminar pruebas). Nos habló de cómo los prisioneros entraban pensando que eran duchas y realmente había grifos que simulaban ser unas duchas, pero de ellas no salía ni agua ni gas. Eran los alemanes los que echaban por unas aberturas unas pastillas que se iban evaporando y desprendían el gas que en cuestión de 15-20min acaba con la vida de todos. Después de muertos y de haber ventilado la estancia, eran otros presos (Sonderkommando) los encargados de limpiar aquello, quitar lo poco de valor que pudiera quedar en los cadáveres y cremarlos. En Birkenau llegaron haber 6 cámaras de gas y en Auschwitz I «solamente» hubo una que fuimos a ver a continuación. Era desolador imaginar a aquellas pobre gentes entrando en aquel lugar.

Esta primera parte de la visita duró unas 2h y fue muy intensa a la vez que interesante. De allí nos llevó de nuevo a la entrada y nos indicó donde había que coger el bus que en 10 minutos nos acercaría al citado Birkenau.

Después de apenas 5-10min de trayecto llegamos allí. Aquel sí que se asemejaba más a lo que me había imaginado. Una explanada muy grande, grandísima, con barracones y alambradas, con una vía de tren que llegaba hasta dentro. Hasta allí traían en vagones gente de toda Europa, en muchos casos sólo para gasearlas. Muchos barracones estaban en ruinas y algunos eran reconstrucciones. En esta ocasión la visita no tenía cascos y escuchar a nuestra guía se hacía más difícil. Además, el tiempo era muy frío y ventoso y auguraba lluvia. Después de explicarnos varias cosas, llegamos a las ruinas de los crematorios y en ese momento comenzó a llover como si el clima quisiera hacernos sentir mínimamente la incomodidad vivida por aquellas gentes en aquel lugar. La lluvia, el viento y el frío en campo abierto, hacían aquel entorno realmente hostil y pensar por un momento padecer esos avatares (y peores) vestidos con un triste pijama y unos zuecos de madera ponía a uno los pelos de punta.

La guía nos dirigió al último barracón (el más cercano a la puerta) que se mantenía intacto y nos contó como este campo se construyó de forma mucho más precaria que el primero, casi como establos donde convivían en ellos (presos, ratas, piojos…). Nos mostró las camas que eran 3 niveles sobre unos tablones (nivel inferior el suelo embarrado, nivel medio y nivel superior con una altura entre uno y otro de poco más de 75cm y una anchura de 1,5m aproximadamente donde podían dormir hasta 8 presos y presas por nivel.

Esto fue el final de nuestra visita y fue curioso cómo al salir de aquel barracón la lluvia había remitido y justo al frente se había dibujado un gran arcoíris como queriendo enviar un mensaje de optimismo y esperanza.

La verdad es que nos pareció una visita súper interesante y que creo que todo el mundo debería visitar una vez en la vida. Como dijo Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana: «quien olvida su historia está condenado a repetirla». Y por ello, nadie que visite este lugar, podrá olvidar las atrocidades que aquí se produjeron.

Con el ánimo algo afligido volvimos en bus al primer campo y preguntamos cómo coger otro bus de regreso a Cracovia. Sin casi darnos cuenta ya eran las 16:00h. Preparamos y comimos un bocadillo de jamón y nos montamos en un bus (3,65€/persona) que tras algo más de 1,5h nos dejó de nuevo en la estación.

Al llegar sobre las 18:00h ya había anochecido, hacía frío y amenazaba con lluvia.  Decidimos callejear en busca de un bar dónde tomar algo. Fuimos por una zona que todavía no habíamos transitado y acabamos en un bar súper curioso “Airy Fairy” un bar con videoconsolas y juegos de mesa para uso y disfrute de los clientes. Nos cogimos una ronda de cervezas y un juego de mesa (Dixit) y estuvimos pasando un buen rato. Pedimos una segunda ronda y algo de picar y sin darnos cuenta nos dieron las 20:30h.

Decidimos cenar las sobras del día anterior en nuestro apartamento. En la calle llovía bastante y teníamos 25min de caminata hasta nuestro barrio. Y al llegar, nos pareció buena idea tomar una última ronda. Nos habíamos quedado con ganas el primer día de tomar algo en el bar “Alchemia”, así que fuimos directos allí, pero nuevamente estaba lleno y tuvimos que buscar otro. Finalmente acabamos en uno situado a unos pocos metros “Królicze Oczy”. Planificamos un poco la mañana del día siguiente, lo que serían nuestras últimas horas en Cracovia y nos fuimos a un supermercado cercano a nuestro apartamento para comprar unas pocas cosas para complementar la cena.

Día 5 (Miércoles 6 Marzo): Transición Cracovia – Varsovia.

Hoy íbamos a pasar nuestras últimas horas por Cracovia para luego viajar en tren hasta Varsovia, nuestra última parada de este viaje. A las 08:00h nos levantamos, desayunamos, recogimos el apartamento y preparamos las mochilas.

Habíamos decidido dividirnos. Tres de nosotros iríamos nuevamente a la estación central donde compraríamos los billetes de tren y dejaríamos todas las mochilas en consigna. Mientras tanto, las otras tres irían a la fábrica de Schindler para comprar las entradas y tomarse un café mientras tanto.

Pablo, Silvia y yo cogimos un taxi (app Mytaxi) y fuimos a la estación con los equipajes de todos. Primero buscamos las consignas y hacían falta 24zlotis (6€ aprox) en monedas para pagarlas. Necesitábamos cambios y ya me imaginaba yo que no iba ser una empresa fácil que en las tiendas de la estación nos dieran.

La primera tienda en la que preguntamos fueron muy amables y para mi sorpresa nos cambiaron 20zlotis, sin embargo, todavía no era suficiente, necesitábamos 4zlotis más. A partir de aquí, se confirmaron mis sospechas, recorrimos siete tiendas más y el NO, muy rotundo, fue la respuesta en todas ellas. Finalmente terminamos comprando una botella de agua para conseguir las monedas que faltaban. Volvimos a las consignas, dónde Silvia se había quedado esperando con todos los equipajes, y guardamos en tres de ellas, todas las mochilas. Después compramos los billetes de tren para el trayecto a Varsovia a las 17:51h. Mientras tanto Olaia, Edurne y Miriam ya habían comprado las entradas de la fábrica y estaban en la cafetería esperándonos.

Salimos a la calle a una avenida principal y nuevamente mediante la app, pedimos otro taxi para ir a la fábrica de Schindler. No había mucho tráfico y en algo menos de 20 minutos ya estábamos todos reunidos de nuevo en la cafetería compartiendo experiencias sobre la amabilidad de estas gentes. Al parecer, ellas también habían tenido que limar asperezas con la vendedora de los tickets del museo.

Aunque algo ya nos habían contado sobre el carácter poco afable de algun@s polac@s, nosotros pensábamos que siendo Cracovia una ciudad bastante turística y universitaria, acostumbrada a recibir estudiantes Erasums de todo Europa, no sería para tanto. Sin embargo, desde nuestra experiencia, podemos decir en líneas generales, que el trato que recibimos no fue demasiado bueno, incluso en ocasiones, sumamente borde. Y con esta sensación iríamos a Varsovia, dónde la precepción cambió sustancialmente para mejor.

Sobre las 11:00h entramos en el museo y había muchísima gente, demasiada por momentos. No había espacio para movernos con fluidez a través de las primeras salas. Parecía que hubiéramos entrado muchos al mismo tiempo, porque luego la gente se fue espaciando y ya no tuvimos ese problema.

El museo no estaba muy centrado en la fábrica sino en el contexto sociopolítico y los avatares de la guerra. Estaba realmente bien ambientado, una pasada. Era un circuito (tipo a Ikea) que tenías que ir recorriendo y avanzando por diversas salas y en una, por ejemplo, que explicaba el muro del gueto de los judíos y tal, pues la sala tenia muros de cartón piedra idénticos a los reales y cosas así. La pena es que al ser en polaco y en inglés uno se saturaba de tanto leer carteles en inglés y además no siempre entendías todo. Por lo que al final se nos hizo algo pesado, ya con ganas de que acabase el recorrido. Era bastante largo y tardamos en verlo más de dos horas y podríamos haber pasado más tiempo. Estaba bien, pero echamos de menos que hablasen más de la fábrica y como su dueño ayudó a los judíos. Al inicio del recorrido, si es verdad, que había una pequeña sala de cine y proyectaban un vídeo con los testimonios e imágenes de trabajador@s de aquella época y narraban cómo vivieron aquello, subtitulado al inglés y me pareció súper interesante.

Ya eran las 13:40h cuando nos pusimos de nuevo en marcha y volvimos dando un paseo hasta el barrio judío, Kazimier. En 25min estábamos ya por sus calles, vimos una terraza muy aparente y nos paramos a tomar algo al sol, que se estaba bastante bien. Con abrigo, pero a gusto. Nuevamente las camareras fueron bastante bordes, rozando lo maleducadas.

Tras esta parada buscamos un sitio donde comer, ya eran las 14:30h, y a pocos metros de donde estábamos, topamos con un pequeño solar con 7 foodtrucks (caravanas con cocinas que sirven comida), Andrus food trucks se llamaba, con unas mesas comunes. Comimos una patata asada rellena (muy grande y contundente) y un Wrap (una especie de bocadillo) también sustancioso a medias por pareja. Lo devoramos con bastante avidez, muy lejos quedaba el desayuno y pesar de acabar bastante llenos, aún cogimos unos postres para compartir, como unos canutos de nutella, que fuimos comiendo por el camino mientras explorábamos zonas que no habíamos visto todavía. Pasamos por la Sinagoga vieja, allí había varios grupos de freetours en castellano y así poco a poco dando un buen paseo terminamos en la plaza del mercado del centro histórico. Había muy buena luz y se veía bien bonita.

Decidimos entrar a la iglesia de Sta. María para verla. La guía del freetour del primer día nos dijo que merecía la pena entrar para ver el mayor retablo de madera de Europa. También nos dijo que costaba 10zloty la entrada, pero que si se entraba para rezar, era gratis. Le echamos un poco de morro y entramos por la puerta de los rezos, nos sentamos discretamente en unos pocos bancos destinados a tal fin, la zona estaba delimitada por unos cordeles que impedían el acceso al resto de la iglesia, observamos un poco y nos fuimos. Desde mi absoluta ignorancia sobre arte, me pareció que estaba muy sobrecargada de cosas, además de tener andamios para alguna restauración, por lo que tampoco me gustó demasiado.

Después atravesamos la puerta de San Florián, que desemboca en la Barbacana y nos fuimos despidiendo de esta ciudad.

Ya sólo quedaban 35min para que saliese nuestro tren a Varsovia, así que fuimos a la estación a coger los equipajes de las consignas y buscar el andén. Lo hicimos bastante rápido y aún estuvimos 10 minutos esperando al tren.

Nuestro vagón estaba dividido en cabinas de seis plazas, tres enfrente de los otros tres y como éramos seis, pues fue una cabina para nosotros solos, estupendamente.

El tren salió puntualmente a las 17:51h y sobre las 20:20h estaba prevista su llegada. Durante el trayecto yo me dedique a actualizar mi diario de viaje, mientras los demás jugaban a cartas o leían la guía.

El tren llegó con retraso y sobre las 20:50 salíamos de la estación. Buscamos un taxi para los 6 y un monovolumen nos llevó hasta la que sería nuestra morada para los próximos días.

Mi primera impresión al salir de la estación en el taxi fue sorprendente, edificios muy altos, muchas luces que iluminaban sus fachadas… nos llamó la atención. Luego atravesamos otras zonas donde se veían los típicos edificios de la época soviética. Al cabo de 20-25min llegamos al destino, el taxi nos cobró casi 10€ en total.

Del mismo modo que el apartamento de Cracovia, éste también tenía un código para coger la llave, lo cual es un sistema súper cómodo y más para ocasiones como ésta, en la que llegas tarde al alojamiento.

P&O Apartments Old Town (Miodowa 12, Śródmieście, 00-252 Varsovia, Polonia). Con una puntuación en booking de (7,1) y con un precio de 15,16€ persona/noche.

El apartamento estaba muy bien situado con respecto al centro histórico y contaba con una cama de matrimonio, un sofá cama, 4 cama individuales, cocina y dos baños (una ducha). Mi valoración calidad/precio es de un 6. Las camas individuales eran pequeñas y muy poco consistentes, crujían y parecían que te ibas a caer al suelo en cada movimiento.  En comparación con el que habíamos estado en Cracovia, éste estaba peor.

Dejamos nuestras mochilas y nos bajamos al centro en busca de un sitio donde cenar. Así de primeras con la zona amurallada en ruinas e iluminada nos causó una muy buena primera impresión. A nivel de ambiente, es muy diferente a Cracovia, a esas horas de la noche 21:50, las calles están bastante desiertas y no hay tantos bares/restaurantes.

Después de dar una vuelta y varios intentos fallidos, o estaban llenos o cerraban antes, terminamos cenando en el restaurante Stolica. Era algo elegante para nuestras pintas y más caro, unos 16,5€/persona, pero cenamos bastante bien y no quedaban muchas más opciones a esas horas por la zona.

Sobre las 23:00h que cerraron, nos fuimos a casa a dormir y descansar para el día siguiente.

Día 6 (Jueves 7 Marzo): Barrio de Praga.

Nuestro primer día completo en Varsovia. Las referencias que yo había recibido y leído sobre Varsovia no eran demasiado buenas. A priori, Cracovia tiene más fama y además está muy cerca de las minas de sal y de Auschwitz. Por todo ello, mis expectativas no eran muchas y quizás eso hizo que me sorprendiera.

Eran las 10:00h cuando salíamos de casa, para variar. El apartamento sólo tenía una única ducha y así resulta difícil aligerar más, siendo 6 personas. A las 10:30 teníamos reservado un freetour por el barrio de Praga (con la empresa Free Walkative tour – Varsovia Alternativa).

Tuvimos que darnos algo de prisa para llegar a la hora, pero a las 10:28h llegamos al punto de encuentro (punto 2 del mapa), una pequeña plaza enfrente de la iglesia de San Florián. Al llegar sólo había una pareja y el guía con una chica que parecía «becaria», tomando notas y aprendiendo para en un futuro próximo hacer ella también freetours, nos acompañó durante toda la visita. Finalmente apareció otra pareja y comenzamos el tour.

El guía (se hacía llamar Andrés) era un tipo varsoviano bastante alto que explicaba las cosas con muchísimo énfasis en un castellano mejorable en pronunciación, por momentos costaba entenderle alguna palabra, pero que nos dio unas buenas pinceladas sobre la Varsovia de los últimos 150 años y más concretamente de ese barrio alternativo conocido como Praga. Sabía mucho e hizo la visita muy amena.

Praga está situado respecto a Varsovia central al Este, en la orilla opuesta del río Vístula. Se trata de un barrio alternativo que apenas sufrió desperfectos durante la segunda guerra mundial, por estar al otro lado del río y ser gentes de clase social más humilde. Cabe señalar que Varsovia central fue destruido en torno al 90% y hoy en día casi todo son reconstrucciones hechas en la segunda mitad del siglo XX.

Continuando con el barrio que nos ocupa, visitarlo te permite hacerte una idea más auténtica de la Varsovia “vieja”, donde todavía muchos edificios apenas se han restaurado, y es el ayuntamiento quien gestiona gran parte de ellos con alquileres sociales realmente bajos, aunque eso sí, su aspecto en algunos casos es muy decrépito. Sin fachadas, con ladrillos a cara vista. Y unas ventanas que parecen de juguete y que no ofrecen mucha garantía para afrontar los duros inviernos donde suelen llegar a sufrir -20°C.

Al parecer las gentes de este barrio no suelen acercarse mucho por Varsovia central y viceversa. Tienen cierta rivalidad. Ellos se sienten los auténticos Varsovianos y miran con recelo a todos aquellos que llegaron tras la reconstrucción para repoblar la ciudad.

Durante el tour, nos fue explicando este contexto mientras nos llevaba por rincones y patios interiores resultando muy gráfico (puntos 5 y 6 del mapa). Así nos contó como fondos de inversión privada quieren comprar edificios para restaurarlos y convertirlos en apartamentos de alquiler (tipo Airbnb), dándole un lavado de cara absoluto, pero que los vecinos se oponen fervientemente para no perder sus hogares sociales donde puede que hayan vivido muchas de sus generaciones pasadas. En algunos casos lo consiguen y otros no, nos enseñó algunos ejemplos (punto 7 del mapa). En este lado del río todo es un 30% más barato que en Varsovia central, es una zona más deprimida a nivel de recursos, pero da la sensación que con un sentimiento social más arraigado entre sus gentes.

Acabando el paseo nos llevó por un mercado tipo al rastro (punto 8 del mapa) y al salir del recinto pasamos por una calle dónde se habían grabado imágenes de algunas películas (parte del pianista fue grabado en este barrio) y una de las casas estaba completamente empapelada como de papel de aluminio (punto 9 del mapa), para algún rodaje.

Siguiendo por esa calle y tras pasar por un mural bastante grande y colorido (punto 10) nos llevó a la puerta de un restaurante típico de allí (punto 11) “Bar Ząbkowski“. Conocidos como bares de leche, tienen una carta con un montón de platos y cada uno se monta el menú a su gusto. En plan, quiero esta pasta, con esta salsa, esta carne, con esta guarnición…, pagando todo por separado. Es decir, tu puedes pedir un filete, pero de serie te vendrá “huérfano” y si quieres patatas o arroz o verduras que lo acompañen deberás pagarlo y pedirlo a parte. Por eso decía que cada uno se monta su propio menú.

Son realmente baratos como lo comprobaríamos posteriormente.

Poco más adelante y tras mostrarnos a la distancia, la enorme Catedral ortodoxa de Sta. María Magdalena (punto 4 del mapa), el guía se despidió, le pagamos la propina correspondiente y terminamos muy satisfechos con el tour. Yo personalmente disfruté mucho de la visita y desde mi punto de vista, el guía Andrés, lo hizo francamente bien, muy recomendable.

Retrocedimos sobre nuestros pasos y volvimos a la zona de bares. Eran las 12:45h y nos apetecía beber una cerveza tranquilamente, antes de comer. En los bares de leche no sirven alcohol con las comidas. Entramos a un pequeño bar donde pedimos una ronda de cerveza acompañada de una ración de hummus y unas patatas asadas con una salsa para compartir entre los seis.

Después fuimos al bar de leche que nos había mostrado el guía durante la visita (Bar Ząbkowski Zaprasza). Pedimos varias cosas a compartir: peroggis, sopas, arroz, carne…y agua para beber, nos quedamos los seis súper hinchados y todos esos platos nos costaron apenas 3,75€/persona. Tremendamente baratos.

El lugar era sencillo y con un trasiego considerable. Los polacos entraban, comían y se iban en menos de 15min, mucha gente venía sola y algunos bastante mayores, se notaba que la gente que frecuentaba este bar, en general, eran gentes humildes con no muchos recursos. Que, por otro lado, a la vista de los precios, no me extraña nada. Comimos bastante bien y nos fuimos satisfechos.

Tomamos un café rápido en otro bar súper extraño (punto 12 del mapa) y continuamos el paseo por éste barrio hasta una zona que, según la guía, mencionaba como interesante (estaba a unos 2km). Tan pronto pasabas por varios edificios que se caían a pedazos como por otros gubernamentales que desentonaban en ese «paisaje».

El sitio al que llegamos se conoce como (Soho Factory), es una antigua fábrica de motos que hoy en día alberga en sus naves: talleres de arte, tiendas, oficinas, algún restaurante o un museo. El museo de los Neones (punto 13 del mapa), que muestra carteles luminosos de los 60 y 70. Nosotros no entramos dentro. La verdad es que el sitio me pareció curioso, pero tampoco tan interesante como lo pintaba la guía.

Desde allí hasta el centro histórico de Varsovia, teníamos 1h caminando, fuimos volviendo poco a poco y pasadas las vías del tren, cogimos un tranvía, que nos llevó hasta el centro en un momento.

Quedaba poco rato de luz, por lo que dimos un paseo por sus calles, hasta llegar a la plaza del mercado (punto 14), dónde estuvimos un rato parados. Se reconstruyó después de la guerra, dejándola casi como una réplica de cómo era, basándose en cuadros y pinturas de la época. Es bastante bonita, la verdad. Proseguimos el paseo sin rumbo y terminamos en un museo (“The Heritage Interpretation Centre”, punto 15 del mapa), cuyas entradas eran gratuitas y trataba sobre la destrucción y reconstrucción de Varsovia debido al bombardeo del ejército nazi durante la II Guerra Mundial. No era muy grande, pero estaba repleto de fotos y vídeos bastante ilustrativas sobre el antes y después. La verdad es que era increíble ver la devastación absoluta en que se convirtió la ciudad. Como ya hemos dicho, entorno al 90% tuvo que ser reconstruida y al mismo tiempo repoblada con gentes polacas traídas de otras partes del país. Me pareció bastante interesante la visita.

Al salir ya era noche cerrada, sobre las 18:45h, y continuamos el paseo, pero hacia algo de frío y optamos por cobijarnos en un bar a tomar algo. Allí jugamos unas partidas de dardos.

El día anterior habíamos intentado cenar en un pequeño local con buenas referencias (“Gospoda Kwiaty Polskie”, punto 16 del mapa), pero estaba lleno y no pudimos, así que lo volvimos a intentar. Esta vez sí que hubo suerte.

Yo no tenía demasiada hambre, la comida hipercalórica y tan abundante me había dejado el estómago inflado y en ese momento hubiera prescindido de cenar. Miré la carta con escepticismo y pocas ansias, hasta que llegué a la sección de ensaladas que me animaron a pedir una ensalada de lechuga, tomate y poco más. Justo lo que me pedía el cuerpo, algo fresco para desengrasar.

Olaia quiso que compartiéramos platos y ella se había pedido un par de trozos de pechuga de pollo con salsa de champiñones y una ensalada de guarnición. Nuestros amigos, sopas servidas en pan, a las que se habían aficionado mucho y algo de carne también para compartir, una especie de escalopes con ensaladas como guarnición.

Cenamos francamente a gusto, estaba todo muy rico y llegados al postre, mi estómago se había alegrado tanto con aquella ensalada que sentía casi más hambre que al principio. Pedimos un bizcocho y un coulant de chocolate para compartir para los 6 y lo disfrutamos de lo lindo.

A esas alturas ya sólo quedábamos nosotros y otra pareja en el restaurante. Eran cerca de las 23:00h y aquí sobre esa hora suelen cerrar (al menos entre semana). Pagamos la cuenta, de 12,5€/persona que por todo lo que habíamos pedido estaba francamente bien. Mucho más caro que el bar de leche de la mañana, pero también bastante más elaborado.

Y así, bastante satisfechos nos fuimos para casa a dormir.

Día 7 (Viernes 8 Marzo): Centro histórico y Varsovia nueva.

Para este día habíamos reservado un freetour por el centro histórico de Varsovia, con la misma empresa que el día anterior (Free Walkative tour)

El tour empezaba a las 10:30h en la columna de Segismundo III (punto 2 del mapa), ubicada en la plaza del castillo. Nos levantamos con calma y buscamos un cajero donde sacar dinero para las propinas del tour, para después ir al punto de encuentro. Para nuestra grata sorpresa, el guía volvía a ser el mismo del día anterior, “Andrés”. Aunque en esta ocasión el grupo era bastante más numeroso, éramos unas 20-25 personas.

Comenzó contextualizado los orígenes de Varsovia como capital de Polonia, sus reyes y sus dimes y diretes. Bastante centrado en la figura del rey Segismundo III. Él fue quien transfirió la corte y la capital polaca de Cracovia a Varsovia en 1569.

Después accedimos al patio del Castillo Real (punto 3 mapa), dónde nos contó un poco su historia.

Segismundo III fue quien lo convirtió en la residencia real. Y a lo largo de la historia sufrió los avatares de diversas guerras, con Suecia primero y más recientemente durante la Segunda Guerra mundial dónde fue bombardeado por el ejército nazi en 1939. En la actualidad es la sede de la Fundación Polaca de Historia y Cultura y parte del castillo ha sido acondicionado como museo.

De ahí nos condujo a una pequeña plaza detrás de la Catedral de San Juan de Varsovia (Plaza Kanonia), dónde hay un monumento de una antigua campana de 1644 “The Wishing Bell” (punto 4 mapa). Sobre esa campana, el guía nos contó que la leyenda dice que, si das 2 vueltas alrededor de ella a la pata coja y con los ojos cerrados, se cumplirán tus deseos. El guía pidió algún voluntario para hacer una demostración y una chica se animó, él le ofreció su mano como ayuda y fue dando saltos a la pata coja y con los ojos cerrados alrededor de la enorme campana, la escena fue cómica cuanto menos.

La siguiente parada fue la plaza del mercado del centro histórico (punto 5 mapa). Donde se detuvo un rato para hablarnos sobre cómo se había reconstruido, después de la devastación que sufrió tras los bombardeos de la segunda guerra mundial, basándose en pinturas realizadas antes de la guerra por varios artistas que habían retratado el colorido y forma de los edificios. También nos explicó que en aquella plaza antiguamente vivían los comerciantes que, durante el día, exponían en la plaza sus productos. Actualmente se ha convertido en reclamo para alojamientos turísticos por 100-200€/noche. Cuando los polacos vienen a ganar como sueldo medio alrededor de 500-600€, según nos dijo Andrés. La verdad es que la plaza es realmente bonita.

A continuación, nos condujo hasta un mirador cercano al río Vístula (punto 6 mapa), Gnojna Góra. Antiguamente, hasta 1844, este fue el lugar dónde se tiraban las basuras y desperdicios de la ciudad, siendo un foco de enfermedades, olores y ratas. En estos momentos, es una agradable plaza con un mirador hacia el barrio de Praga y el río.

De allí nos condujo hasta la barbacana de la parte amurallada del centro histórico (punto 7 mapa), es una de las puertas de la zona fortificada y nos explicó que estaba construida en esquina por una cuestión táctica a la hora de defender la entrada a la ciudad.

Muy cerca de allí llegamos hasta un museo dedicado a Marie Curie (punto 8 mapa). Maria Salomea Skłodowska-Curie, científica pionera en el campo de la radiactividad y ganadora de dos premios nobel, que en realidad era polaca sólo que se fue a Francia donde se casó con Pierre Curie y perdió su apellido pasando a llamarse Marie Curie, por lo que mucha gente piensa que era francesa cuando no es así.

Volvimos hacia la parte amurallada y pasando por la calle Dluga, en el punto 9 del mapa, nos mostró una casa de cambio de moneda, que nos dijo que era el establecimiento que mejor cambio ofrecía de todo Varsovia, no puedo opinar al respecto porque nosotros no cambiamos dinero en Varsovia, pero pienso que puede ser un dato interesante para aquellos que quieran cambiar divisas. Terminamos frente a una estatua de un niño (punto 10 mapa), con un casco, ropajes y un fusil (Mały Powstaniec, monumento al pequeño insurrecto). Nos explicó que, durante la segunda guerra mundial, la resistencia polaca, no tuvo más remedio que reclutar niños menores que ayudasen en escaramuzas contra los nazis. Así como que la escasez de medios les obligaba a reutilizar ropas, cascos y armas de los alemanes que derrotaban y por ese motivo aquel niño llevaba ropajes nazis con una bandera polaca dibujada en el casco para evitar que sus propios compatriotas le disparasen por error. Cerca de 2000 niños murieron en combate y la creencia popular cuenta que (Antek, este niño de 13 que representa a los demás) en concreto se sacrificó lanzando una granada contra un blindado alemán que también le causó la muerte.

Allí finalizó el freetour que al igual que el día anterior nos gustó, aunque a mí personalmente me pareció más interesante el del barrio de Praga.

Dimos una pequeña vuelta y decidimos comer algo antes que de costumbre sobre las 13:00h. Entramos en una cadena de restaurantes local Zapiecek (punto 11 mapa), y comimos algo de sopa y codillo para compartir por parejas y un par de postres para los 6.

Reanudamos la marcha y no muy lejos llegamos a una plaza donde había unas esculturas gigantes en honor a los varsovianos que murieron por defender la ciudad durante el alzamiento de 1944 (Monumento al alzamiento de Varsovia, punto 12 mapa). Seguimos avanzando y los contrastes eran curiosos, lo mismo veías a un lado una hilera de edificios de le época soviética, como enfrente otros modernos. Así hasta llegar a nuestro destino, el Palacio de la cultura y la ciencia (punto 13 mapa), una zona con numerosos edificios de oficinas tipo rascacielos, algunos con diseños originales y bonitos. El citado Palacio, construido entre 1952-1955, fue un regalo de la URSS a Polonia y durante mucho tiempo fue el más alto de la ciudad con sus 237m. El edificio alberga oficinas y centros de exposiciones y en la parte superior, cuenta con un mirador que ofrece unas buenas vistas de la ciudad. Hicimos algo de tiempo antes de subir porque queríamos que se nos hiciese de noche arriba, para ver también la ciudad iluminada.

Desde arriba las vistas eran bastante buenas, aunque andaba muchísimo aire y la sensación térmica era fría. La ciudad se extendía más allá de lo que alcanzaba la vista y el centro histórico se veía realmente pequeño. Cabe señalar que Varsovia cuenta con 1.750.000 hab. aproximadamente. Esperamos hasta verlo todo iluminado y la perspectiva cambiaba notablemente.

Bajamos y con la oscuridad, ya se notaba más frío. Aquí en Varsovia he pasado más frío que en Cracovia, la temperatura quizás no haya sido más baja, pero si ha hecho mucho aire y la sensación térmica se nota.

Decidimos ir volviendo poco a poco hacia el centro histórico, nos separaban unos 2km, y en esas empezó a llover y nos metimos a un bar cercano. Esperamos a que parase un poco y tomamos algo. Cuando continuamos nuestro paseo y buscamos algún sitio donde cenar. No se estaba a gusto por la calle. El viento y el frío hacia que fuese desagradable pasear.

Tras un par de intentos fallidos, por estar llenos, entramos en uno que nos había recomendado el guía durante el tour de la mañana. Está enfrente del monumento del niño insurrecto (punto 14 mapa), Restaurante Gosciniec. Cenamos bastante bien, una sopa para cada uno y dos segundos para compartir (una crepe de carne y una especie de tortilla).

Antes de ir al apartamento, pasamos por un supermercado cercano para comprar algo de desayuno para el día siguiente. Estuvimos jugando un rato a cartas y a la 01:00h a dormir.

Mañana regresamos. Esto se termina.

Día 8 (Sábado 9 Marzo): Regreso a casa 

En nuestro último día se nos pegaron algo más las sábanas y hasta las 09:00h no empezamos a movernos de la cama y entre desayunar, prepararse y hacer maletas, se nos ha hizo algo tarde, casi las 11:00h.

No sabíamos muy bien donde dejar el equipaje y aunque la idea inicial era ir hasta las consignas de la estación, dejar las maletas y volver al centro, no nos convencía del todo y buscando en internet encontramos un hostel que, aunque algo caro (5€ por maleta) tenía un cuarto habilitado como guarda equipajes. El hostel estaba muy cerca de la estatua de Segismundo y desde allí cogeríamos un taxi hasta el aeropuerto por la tarde.

Hicimos el pago por internet y en ese momento nos facilitaron la dirección exacta. Hasta que no pagabas, la página sólo te decía una localización aproximada. Al pagar te mandaban la ubicación, que resultó ser el Dream hostel (punto 2 mapa). Estaba cerca de nuestro apartamento, así que fuimos allí y aquello nos pareció bastante cachondeo. Entramos al vestíbulo del hostel y sin que nadie nos preguntara nada fuimos al cuarto que hacía de consigna y dejamos allí nuestros equipajes, confiando en encontrarlos tal cual, horas más tarde.

Después, las chicas querían mirar algunas tiendas del centro histórico para comprar algunos detalles y tras las compras ya teníamos muy trillada toda esta zona de la ciudad, y sin saber muy bien que más hacer, nos acercamos al museo de Mari Curie (punto 4 mapa), pero estaba cerrado, una lástima.

Enfrente había una famosa cafetería especializada en chocolates calientes (E.Wedel, punto 5 mapa) y nos metimos a probar uno. Estaban buenos y tenían una carta muy variada y surtida, aunque tampoco eran precisamente baratos.

Al salir, habíamos buscando un mercadillo para visitar, a kilómetro y medio, pero se puso a llover con un viento huracanado y aquello era inviable. Sólo cabía buscar cobijo nuevamente. Así que volvimos al bar de los dardos que estuvimos dos días atrás y tomamos una cerveza jugando a los dardos hasta la hora de comer. Seguramente no era el mejor plan para aprovechar nuestras últimas horas allí, pero el tiempo es lo que tiene…

Para comer fuimos a la misma cadena de restaurantes en la que habíamos comido el día anterior, porque contiguo a nuestro hostel/consigna había uno. Esta vez comimos una salchicha encebollada y una pseudo tortilla de patata con salsa de champiñones.

Y así, sin darnos cuenta teníamos ya casi las 17:00h, la hora que habíamos fijado para poner rumbo al aeropuerto. Pablo pidió por la app de Mytaxi uno de 6 plazas o superior y en cuestión de 7 minutos llegó una Mercedes Vito para llevarnos a todos al aeropuerto de Modlin. Para entonces ya hablamos cogido nuestros equipajes, que seguían como los dejamos por la mañana.

El taxi tardó unos 50 minutos o así llevarnos hasta el aeropuerto. Y nos cobró unos 49€ para todos.

Ya en el aeropuerto. Había una cola tremenda para hacer el check-ing, nosotros, por suerte, lo llevábamos hecho desde la noche anterior por internet (sino Ryanair te cobraba un sobrecoste de 55€ por hacerlo en ventanilla, vaya ladrones).

Aun y todo seguía habiendo mucha cola para pasar el control y tras pasarlo, seguía habiendo gente por todos los lados. Un poco agobiante, por momentos me recordó a la terminal de Etiopía en nuestro regreso de Sudáfrica, unos meses atrás, dónde no cabía un alfiler.

A los 10 minutos se marchó un avión con destino a Oslo y aprovechamos la ocasión para hacernos un hueco en un rincón y poder sentarnos a esperar nuestro embarque.

Antes de embarcar, gastamos los 70 zlotis que nos quedaban (unos 16€) en un par de botellas de vodka de sabores, que tanto nos habían gustado en este viaje, para futuras cenas.

Así, sobre las 20:20h embarcamos con algo de retraso y rumbo a Madrid.

A las 23:10h aterrizamos en barajas y tras recoger nuestro coche de alquiler, una furgoneta, enfilamos hacia nuestra tierra, con ganas de dormir en nuestras camas. Porque la verdad es que las camas del último alojamiento fueron un horror. De este modo cubrimos las últimas horas de este viaje hasta nuestras casas, en un trayecto que se hizo algo pesado para los conductores, pero sin incidencias.

Por último, me gustaría remarcar que, así como los lugareños de la zona de Cracovia nos parecieron gentes muy hoscas y por momentos maleducados, allí en Varsovia nada que ver. En general, todo el mundo fue muy amable y agradable con nosotros. Es algo que nos chocó enormemente. No sabemos si realmente el carácter es tan diferente de una zona a otra o simplemente topamos con los Cracovianos más bordes. Quién sabe.

En cualquier caso, nuestro sabor de boca en este aspecto mejoró notablemente con respecto a la impresión que nos habíamos formado de los polacos durante los días pasados en Cracovia y en líneas generales volvimos bastante contentos de ésta experiencia. Un viaje donde predominó claramente la carga histórica de la segunda guerra mundial, como no podía ser de otra forma. Y la suerte que tuvimos con el clima. Por lo que nos dijeron, el año anterior por esas fechas, el mercurio marcaba los 10°C bajo cero, casi nada…. En nuestro caso, no creo que hubiéramos bajado de cero en ningún momento. Por último, tanto la gastronomía, como las cervezas a precios tan asequibles también jugaron un papel importante en este viaje.

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