Crónicas de Borneo

INTRODUCCIÓN:

Ésta es la experiencia que vivimos en el parque nacional Tanjung Puting de Borneo. Una aventura increíble de sólo 3 días que fue, sin lugar a dudas, lo que más nos gustó de nuestro viaje a Indonesia. Al concluir el viaje, los cinco que fuimos, coincidimos en que había sido inolvidable.

Cuando mencionas Indonesia, lo que la mayoría de la gente relaciona automáticamente suele ser Bali. Seguramente la isla más turística y famosa de las 17508 que componen este país. En mi caso concreto, cuando pensé en Indonesia como destino para nuestras vacaciones lo primero que me vino a la cabeza fueron los Orangutanes. Una prima mía había estado unos años atrás y me había hablado sobre ellos.

Los orangutanes son una especie de primates que únicamente se pueden encontrar en estado salvaje en las islas de Sumatra (unos 6600 ejemplares) y Borneo (unos 54500 ejemplares). ¿Por qué fuimos a Borneo y no a Sumatra? Pues porque la información que encontré en ese momento hablaba de tours que te llevaban en barcos (Klotok) siguiendo el curso del río parando en las zonas de avistamiento en Borneo. He de reconocer que en un primer momento esa idea, de ir a través del río, no me terminaba de entusiasmar, pero me di cuenta de que era la mejor forma de visitarlo.

Tras leer varios diarios de otros viajeros (el diario de Sele sobre su visita a Borneo me gustó mucho) y muchas horas buceando por el foro los viajeros en los hilos sobre este tema, me decidí por contratar vía WhatsApp este tour con el guía Ary. Este guía tenía entonces unas referencias muy buenas y además hablaba castellano, lo cual era un gran punto a su favor para no perder detalle de las explicaciones que nos fuera a dar durante la aventura. Cerré un acuerdo con él y quedamos en que nos recogería en el aeropuerto de Pangkalan Bun (Iskandar) el cuarto día de nuestro viaje, tras un primer paso por la isla de Java y sus templos.

Y así fue como organizamos esta parte del viaje que a mí personalmente me hacía mucha ilusión. Y a la postre sería, en cierto modo, el germen que ha dado lugar a que haya terminado escribiendo este blog de viajes.

Este tipo de entornos salvajes en plena naturaleza me evocan tal torrente de emociones que siento la necesidad de contarlo y compartirlo con mis familiares y amigos. Me sentí inspirado y durante todas las noches, en aquel klotok con el sonido de la selva de fondo fui escribiendo unos relatos, que luego enviaba a mis familiares vía WhatsApp, gustaron bastante y me han animado a seguir escribiendo.

Los relatos que muestro a continuación son los que escribí durante aquellos días:

15 octubre 2016: Primer contacto con la Selva de Borneo.

Hemos amanecido temprano, el vuelo con destino a Borneo salía pronto. El día anterior pasamos noche en la ciudad de Semarang, al norte de la isla de Java. El vuelo ha transcurrido sin problemas, yo estaba ansioso por comenzar a vivir este episodio del viaje, había dedicado bastante tiempo en organizarlo. Hemos aterrizado en el pequeño aeropuerto de Pangkalan Bun y tras unos minutos de espera ha llegado nuestro guía. Además de nosotros también estábamos un grupo de cuatro canarios que también había contratado el tour con Ary, iríamos cada grupo en un bote y en ese momento no sabíamos con quién iría Ary. Nos han llevado hasta el muelle desde donde salen los “Klotok”, éste se encontraba bastante cerca del aeropuerto en la población de Kumai y en poco más de 15 minutos habíamos llegado. Koltok es como le llaman a este tipo de embarcaciones y en las que pasaremos los próximos dos días y medio. En la parte trasera hay un minúsculo y humilde baño, en la parte central es dónde comeremos y dormiremos sobre unos colchones por la noche y en la parte delantera cuenta con unos pequeños bancos de madera desde donde poder contemplar el entorno. El guía, la tripulación y la cocinera se alojan en la parte inferior del bote.

Al llegar al muelle hemos visto que había mucha gente y nos han dicho que estaban celebrando una fiesta local que había congregado allí buen parte del pueblo. Había muchos barcos de diferentes tamaños navegando por el río mientras se tiraban globos de agua.

Al mismo tiempo, un buen número de niños, con algunas madres, que observaban la fiesta desde el embarcadero, han empezado a mirarnos con curiosidad. Hemos acaparado su atención con bastante rapidez, nuestra piel blanca y nuestro aspecto les resultaba inusual y así se han empezado sacar fotos con nosotros, nos miraban fascinados, ha sido muy gracioso.

Mientras tanto, nuestro guía estaba haciendo gestiones para conseguirnos algunas cervezas para llevar en el barco. Indonesia es un país mayoritariamente musulmán y según qué islas, no resulta del todo sencillo comprar alcohol. Nos ha dicho que nos podía conseguir unos 6 botellines de 60cl por unos 4-5€ cada uno. Bastante caros, pero era lo que había.

Al cabo de un rato, la fiesta se ha dispersado, el muelle se ha vaciado y nos hemos montado en el barquito que será nuestro hogar durante los próximos días.

Ya teníamos ganas de adentrarnos en la selva. Ary nos ha dicho que el vendrá en el Klotok con nosotros y un primo suyo irá en el otro con el otro grupo, ha sido una buenísima noticia. Hemos zarpado y enseguida nos hemos desviado por un río más estrecho que delimitaba el inicio del parque natural (Tanjung Puting), refugio de los orangutanes y otros muchos animales, el primer punto de avistamiento se encontraba a poco más de dos horas. Y lo primero que han hecho ha sido servirnos una fantástica comida que ha cocinado nuestra cocinera Aman.

Después de comer, nos hemos sentado tranquilamente a observar el entorno que nos rodeaba y Ary ha estado con nosotros contándonos cosas y respondiendo a todas las preguntas que le hacíamos, en un perfecto castellano. Nos ha explicado cómo, lamentablemente, se está devastando el valioso ecosistema de Borneo. El margen derecho del río por el que discurrimos pertenece al parque natural y está protegido, sin embargo, el margen izquierdo no, y han deforestado todo para cultivar plantaciones del maldito aceite de palma. Como siempre, hay muchos intereses alrededor y la preservación de ésta selva milenaria con una enorme biodiversidad no es una prioridad para los gobernantes. De ese modo nos ha dicho que el hecho de que el turismo cada vez esté creciendo más, les da una mínima posición de poder para hacerles frente, puesto que al fin y al cabo también supone una fuente de enriquecimiento para la zona. Los márgenes del río por el estamos navegando están cubiertos por una densa población de palmeras, pero es cierto que, si nos fijamos bien, en el margen izquierdo, se vislumbran claros a través de los cuales se puede ver superficies esquilmadas. A mí personalmente, me entristece profundamente este tipo de cuestiones. Borneo, Congo, Amazonas y Papua son unos de los grandes reductos de selva virgen de nuestro planeta y la codicia humana se los está cargando…

Al llegar al primer punto de avistamiento, nos hemos bajado del bote y hemos caminado por la selva siguiendo al guía durante 10-15 minutos, hasta llegar a una zona dónde había una plataforma de madera, acordonada por una cuerda para evitar molestar a los orangutanes.

Dentro del parque natural hay tres plataformas como esta, donde diariamente y siguiendo unos horarios, los guardas vacían dos sacas llenas de plátanos y leche en algunos casos para facilitar la alimentación de éstos animales que están acusando la reducción de su hábitat. Dependiendo de la época del año y la densidad de frutos que haya, acuden en mayor o menos número. Por otro lado, tampoco nos podemos engañar, esto también supone un señuelo para que los turistas los podamos observar de cerca.

Y allí expectantes, observando el tupido entorno, hemos aguardado durante unos 30 minutos a que los guardas fueran a dejar comida. Durante ese rato nos hemos congregado un buen número de gente atentos a todos los movimientos y sonidos que la espesa vegetación nos brindaba, ansiosos por ver al primer orangután. La humedad era alta y hacia bastante calor.

Enseguida hemos visto los primeros que se ocultaban a la espera de que el guarda les dejara las frutas.

Han llegado dos guardas y a partir de ese momento y durante una hora, más o menos, hemos presenciado atónitos como de forma alternativa se iban descolgando de los árboles a coger plátanos. Algunos se posaban en la plataforma y otros simplemente se acercaban lo suficiente para llenar su boca y ocultarse de nuevo. Había de muchos tamaños y algunos marcaban el territorio más que otros. Era increíble la velocidad y facilidad que tenían para pelarlos.

Parece mentira que algunas ramas no se partan con su peso y lo sencillo que parece que se desplazan por los árboles.

Finalmente hemos vuelto al embarcadero y allí hemos estado un rato tranquilos escuchando como Ary tocaba la guitarra. Después nos hemos montado en nuestro barco nosotros y el grupo de canarios, nos han dado algo de merendar y nos han llevado a otra zona donde desde el barco hemos visto monos narigudos.

Los monos narigudos son una especia endémica de la isla de Borneo, como tantas otras, y como su nombre indica, se caracteriza por la prominente nariz que tienen sobre todo los machos. Cuando se enfadan o se excitan se torna de color rojizo y les ayuda a crear sonidos fuertes en señal de advertencia. Un mayor tamaño de la nariz es símbolo de mayor virilidad. Muchos nos observaban e incluso alguno se ha puesto agresivo al vernos.

Tras ver unos cuantos monos narigudos y algunos macacos, hemos ido regresando poco a poco hacia el embarcadero mientras el sol se iba ocultando entre la vegetación. Ha sido un atardecer muy bonito.

Con el Koltok ya amarrado para pasar la noche en dónde la primera plataforma de avistamiento, el guía nos ha comentado que mientras se terminaba de preparar la cena nos iba a llevar a dar una vuelta de más o menos una hora por la selva. Ya era noche cerrada.

Así que nos hemos preparado y linterna en mano (o frontal) nos hemos vuelto a adentrar por la jungla. Uno de los guías iba delante, nosotros 9 (nosotros 5 y los 4 canarios) en medio y el otro guía cerrando el grupo. El inicio ha sido muy emocionante, en 5-10 minutos ya habíamos visto una serpiente, un escorpión y una tarántula. Madre mía, la que nos espera, hemos pensado. A partir de ese momento la tensión y nerviosismo era patente en nosotros. Sin embargo, el resto ha discurrido más tranquilo. Caprichos del destino, la selva nos había guardado las emociones fuertes para el principio, como avisándonos. Hacia la mitad del trekking hemos pasado por una zona donde el camino estaba repleto de una clase de hormigas que el guía ha llamado hormigas fuego y nos ha pedido que ese trecho lo salvásemos corriendo, así que todos corriendo detrás de él. Según nos ha contado deben de ser una especie de hormigas cuyas picaduras son muy dolorosas y provocan grandes hinchazones. Si eso era así realmente o simplemente se ha querido divertir con nosotros, nunca los sabremos.

Esta era una experiencia que yo quería vivir. Las selvas de Borneo cuentan con una inmensa biodiversidad y muchos de los animales que habitan en ella son más activos por la noche y es una buena ocasión para poder ver especies nuevas. Por otro lado, te sientes un tanto vulnerable puesto que todo está oscuro y solamente ves lo que el frontal es capaz de iluminarte, aquello es frondoso y cualquier sonido resulta inquietante, a la vez eres consciente que los animales que puedan estar alrededor sí están en su entorno y ellos sí te ven o pueden sentirte, de modo que piensas que en ese momento tu eres la gacela coja.

El paseo ha sido circular, o eso nos ha parecido, me ha gustado bastante. La única pega que se le podría poner es que el guía que iba al final apenas hablaba inglés y aquellos que iban más cerca de él, se han perdido parte de las explicaciones que Ary sí iba dando a los que estaban en la parte más delantera. Íbamos en fila india.

Ya de regreso, la cena estaba lista y sobre la mesa.

Hemos cenado bajo la luz de las velas para atraer a la menor cantidad de insectos posibles. Y la verdad es que todo estaba riquísimo. La cocinera Aman tiene muy buena mano.

Después de cenar hemos estado un rato de sobremesa disfrutando de la paz que transmite este tranquilo lugar mientras Ary y la tripulación cantaban y tocaban suavemente la guitarra. Genial.

Cuando ya ha llegado la hora de ir a dormir, han dispuesto un colchón para cada uno sobre la cubierta del klotok protegido por unas mosquiteras. Las mosquiteras tenían unos cuantos agujeros y como existe riesgo de malaria y somos bastante precavidos, hemos querido poner alguna que otra medida preventiva.

En mi caso, con pinzas que tenía y alguna horquilla de Olaia, he ido cerrando los agujeros más relevantes. Pero la actuación estelar ha corrido a cargo de Edurne. Ella ha decidido poner la mosquitera, que cada uno de nosotros hemos traído al viaje, dentro de las que ya estaban puestas. Más de media hora de infructuosos intentos, muchas carcajadas, de enrollarse y liarse ella misma como si fuera una tela de araña…. Yo creo que ni el mejor monólogo contado por el mejor humorista nos hubiera hecho reír más, apoteósico.

Definitivamente el primer día ha cumplido ampliamente las expectativas. Y con el hilo musical que la selva nos ofrece nos disponemos a dormir.

16 octubre 2016: La tempestad.

El segundo día en Borneo está llegando a su fin. Como yo esperaba está aventura no podía dejarnos indiferentes y si alguien pensaba que después del día de ayer ya habíamos visto lo más representativo…. se equivocaba.

He amanecido con las primeras luces del alba (cinco de la madrugada), deseoso de poder presenciar un amanecer en Borneo, sin embargo, la orientación del Klotok respecto al sol y la altura y frondosidad de la selva me lo impedía, así que me he contentado con disfrutar de la paz y de las vistas que este singular paraje me ofrecía mientras el resto se levantaban.

Sobre las seis y media, el resto ha empezado a mover y a prepararse. Nos han recogido las camas y han preparado el desayuno. Un revuelto, unas tostadas, unos pasteles dulces con zumo y café.

Después de desayunar hemos puesto rumbo a la segunda plataforma de avistamiento.

El trayecto ha durado aproximadamente dos horas. Durante ese rato hemos estado viendo monos narigudos y macacos que andaban por los arboles cercanos al río.

Apenas nos hemos cruzado con algún otro barco y el calor va apretando.

Hemos llegado al embarcadero con ganas de sumergirnos por la jungla de nuevo.

El guía nos ha llevado primero por una pasarela de madera que iba sobre una zona inundada y luego hemos continuado por un sendero. En esta ocasión hemos caminado media hora hasta llegar a la zona de avistamiento. El guía nos ha contado que esta parte de la reserva había sufrido un incendio en 2013 y que por ese motivo había menos vegetación. Quizás por eso, yo creo que hemos visto menos orangutanes que el día anterior, imagino que la población de orangutanes que vivan cerca de ella será menor.

Al llegar, lo primero que hemos visto ha sido a una hembra con su cría, escondida entre las ramas. Los orangutanes crías no se separan de sus madres hasta los 5/8 años de edad, durante todo ese tiempo aprenden a desenvolverse y a valerse por sí mismas. Esto supone el tiempo de crianza más largo de entre todas las especies de simios y a su vez implica que las hembras no suelan tener más de 4 o 5 crías durante su vida, puesto que hasta que la cría no se independiza no se muestran receptivas para aparearse. Los orangutanes salvajes suelen vivir entre 30-45 años. Esto les convierte en una especie muy vulnerable al tener una tasa de reproducción tan baja.

En el punto de avistamiento, hordas de turistas, al ser domingo habían venido muchos turistas locales, y el grupo al que ayer denominamos «los Livingston», unos turistas ingleses con ropajes del mismísimo coronel tapioca, unas cámaras réflex con unos objetivos descomunales, que sentados en sus pequeñas banquetas acribillaban cuan metralleta cada movimiento de los orangutanes.

Los guardas han dejado la comida y un pozal con leche y enseguida han bajado a comer la hembra y su cría. Se han sentado en la plataforma y han empezado a devorar ávidamente con habilidad pasmosa los pequeños plátanos.

De repente los árboles han empezado a bambolearse de una forma no vista hasta entonces lo que auguraba la llegada de un ejemplar de mayor tamaño. Y efectivamente, así ha entrado en escena el protagonista de este avistamiento, un macho de 20 años, de envergadura considerable.

Era el primer macho adulto que veíamos y se caracterizan por la cara en forma de plato y el engrosamiento de las mejillas. Este rasgo es más notable cuanto más dominante es el macho.

Su llegada a la plataforma no ha amedrentado a la hembra, aunque si a la cría, que ha subido rápidamente a lomos de su madre. El macho se ha bebido casi toda la leche con sorprendente delicadeza cogiendo el bol de una forma muy humana y después de comer casi todos los plátanos, se ha incorporado, se ha sujetado en el árbol más cercano y como consciente de que era el centro de atención de un gran público, nos ha ofrecido un sin fin de poses dignas de una portada de National Geographic. Para después marcharse por donde había venido, como si nada. Ha sido genial.

Tras un rato más y algún que otro orangután, se ha marchado todo el mundo y nos hemos quedado solos viendo como la hembra y su cría volvían en busca de los últimos restos y así hemos observado en silencio sus movimientos durante 20 minutos antes de marchar de vuelta al Klotok.

Me resulta fascinante contemplar estas criaturas, sus comportamientos, sus gestos su mirada….

Las investigaciones realizadas han constatado que se trata de una especie muy inteligente. Tienen una memoria a largo plazo parecida a los humanos, utilizan una gran variedad de “herramientas sofisticadas” para alimentarse y son capaces de construir nidos para dormir cada noche a partir de hojas y ramas. Esa estrecha relación que establecen entre madre y cría les permite transmitir todos estos conocimientos y habilidades.

De regreso al klotok hemos vuelto por otro sendero diferente al de la ida y hemos podido ver una planta carnívora. Estas plantas suelen contener un néctar en su interior que atrae a los insectos. Una vez que la presa ha entrado dentro, la planta se cierra y la digiere.

Ya de regreso en el barco hemos enfilado la última plataforma de avistamiento, la más famosa y antigua (Camp Leakey). Fundado en 1971 por la doctora Biruté Galdikas, icono del estudio de los orangutanes, recibió este nombre en honor a Louis Leakey, su mentor. Allí estableció un pequeño campamento donde comenzó su carrera para estudiar el comportamiento de orangutanes huérfanos reintroducidos a la vida salvaje. Cuarenta y cinco años después se trata de un centro de mayor calado donde los científicos además de estudiar el comportamiento, habilidades, cognición y lenguaje de señas de los orangutanes, también han estudiado otras especies como los monos narigudos y los gibones, entre otros.

Yo tenía especial ilusión por visitarlo. Aparte de por todo lo expuesto anteriormente, yo había leído que era la plataforma que permitía un contacto más estrecho con los orangutanes y además cabía la posibilidad de ver el mayor macho dominante del momento (Tom).

El trayecto estimado era de algo más de dos horas y nos íbamos a adentrar por el cauce del río negro (literal, fruto de unas raíces que tiñen el río de negro), más estrecho que todos los anteriores.

Precisamente poco antes de llegar al río negro, hemos tenido la oportunidad de vivir la que seguramente sea una de las mejores experiencias del viaje. Mientras íbamos navegando, nuestro guía nos ha señalado una orangutana que estaba posada en una rama muy cercana al límite del río. El conductor ha parado el Klotok, acercando la embarcación lentamente, al mismo tiempo que el guía llamaba la atención del animal. Increíblemente hemos visto como se iba acercando poco a poco hasta quedarse apoyada sobre nuestra proa como si fuese una barra de bar. Y así es como ante nuestra atónita mirada se ha subido a la proa y hemos podido contemplarlo a escasos centímetros mientras nos hacíamos alguna foto cerca suya, regalándonos un increíble y mágico momento.

Esto no sucede frecuentemente, hemos tenido mucha suerte.

Sin embargo, esta suerte que tan favorable nos estaba siendo, hasta entonces, ha decidido torcerse cuando al poco de entrar al río negro y a los pocos instantes de terminar de comer, las nubes han aparecido como de la nada y han convertido nuestro soleado día en un diluvio universal para aderezar como si de una película se tratará la alucinante batalla que se iba a librar a continuación entre la vegetación del río y los machetes de los guías y tripulantes de varios Klotoks que iban a intentar de manera infructuosa, durante casi dos horas, abrirnos camino hasta la última plataforma de avistamiento. Borneo no paraba de sorprendernos.

Como ya he dicho antes, el río negro es notablemente más estrecho que los anteriores y al parecer las últimas lluvias habían subido el nivel del río y la vegetación de los bordes (plantas tipo palmeras, que flotan en el agua, enraizadas profundamente) habían cortado el camino completamente. Y por ese motivo los tripulantes de varios Klotoks y los nuestros se han metido en el río, de cinco metros de profundidad, machete en mano y durante dos horas han estado abriendo camino bajo el diluvio, en un río donde hay cocodrilos y todo tipo de alimañas. El espectáculo ha sido indescriptible, increíble.

Desbrozaban la maleza, sumergiéndose para intentar cortar las raíces y el resultado eran islas de vegetación. Viendo las imágenes parece que estuviesen apoyados sobre el lecho del rio, pero la realidad era que el río tenía bastante profundidad. Cuando creían haber cortado las raíces más gruesas, ataban unas cuerdas a los islotes y con el klotok tiraban hacia atrás para ir retirando esa maleza y abrir camino.

A pesar de todo, los esfuerzos han sido en vano, ya que para cuando parecía que habían abierto una brecha suficiente para pasar, ya llevábamos mucho retraso. Hemos hecho varios intentos. Han llevado el klotok unos cuantos metros hacia atrás, han acelerado todo lo posible (el klotok no daba para mucho) y hemos embestido contra la maleza desbrozada, pero no lo hemos logrado, nos quedábamos varados.

Finalmente, el guía nos ha explicado que para cuándo fuésemos a llegar a la plataforma, el tiempo de visita ya habría terminado (para no perturbar más de la cuenta a los orangutanes, hay unos horarios).

Así que cuando Ary nos ha explicado esta situación, mi desilusión ha sido enorme. Nos íbamos a quedar sin ver el campamento más famoso del parque, en donde cabía la posibilidad de ver al macho más grande de todos (Tom), un macho de 200kg, imponente. Si bien no es fácil que se deje ver por las plataformas, también es cierto que, si no íbamos, esa posibilidad ya era nula.

Por lo tanto, muy a mi pesar y con gran desazón nos hemos tenido que dar media vuelta y encaminarnos hacia donde acamparíamos esa noche, teníamos tres horas hasta allí.

Ary se ha disculpado con nosotros, pero nada se les puede reprochar cuando él y los demás tripulantes han hecho todo lo posible y más por salvar la situación. Ha sido una faena, pero el espectáculo al que acabábamos de asistir también había sido digno de ver y ya formaba parte de las anécdotas del viaje. Además, quien sabe, pero quizás esto suponga el motivo para volver una segunda vez y poder desquitarme.

En cualquier caso, Borneo no podía despedirnos con ese mal sabor de boca. De tal manera que, a los 300m de dar media vuelta, uno de esos esquivos cocodrilos de los que Ary nos había hablado y que resultan tan difíciles de encontrar se ha dejado ver, lo justo parte de la mandíbula y los ojos y por poco tiempo, porque en cuanto nos ha detectado se ha sumergido.

De camino a donde dormiremos hemos visto muchos monos narigudos y más macacos brincando y jugando entre los árboles. Y para poner el broche a este frenético día, la lluvia torrencial ha dado paso a una tarde soleada que nos ha permitido ver desde la punta del barco un atardecer asombroso en un marco incomparable.

Y aquí nos encontramos, amarrado nuestro barco en unas palmeras de la linde del río, en medio de la nada, bajo un cielo estrellado, escuchando los sonidos de la selva e iluminados por luciérnagas que nos sobrevuelan ocasionalmente.

Es momento de descansar, que mañana Borneo toca a su fin para dar paso a la siguiente parte de este viaje, los volcanes.

17 Octubre 2016: Despedida.

Comenzaba el tercer y último día en Borneo, si bien solo íbamos a estar unas horas más, puesto que nuestro avión partía rumbo a Surabaya (Java) a la 13:15h.

Al igual que ayer, me he despertado muy temprano y aunque aún podía haber intentado volver a dormir durante al menos dos horas más (habíamos puesto el despertador a las 07:15h) he dado un respingo y pensado que esas dos horas grabando en mi retina este lugar y respirando la paz de este entorno alejado del mundanal ruido bien merecían la pena.

A las 07:15h he despertado al resto y hemos recogido nuestras cosas mientras preparaban el desayuno. Nuestros estómagos se deben de haber inmunizando a marchas forzadas. El agua que hemos bebido era agua embotellada pero el agua con la que fregaban los platos, la que salía del grifo y con la que te lavabas las manos era la del río (muy limpia no tiene pinta de estar). Pero si no obviamos ese pequeño detalle, las comidas que nos han servido durante estos días han sido: variadas, deliciosas y opíparas, tanto que le pedimos que nos sirvieran menos comida, pero nos dijeron que no nos preocupáramos porque lo que sobraba lo aprovechaban ellos.

Hemos emprendido el regreso al muelle y después de una hora y media ya habíamos llegado a «la civilización».

Nos hicimos una foto con toda la tripulación y les dimos las gracias encarecidamente. Aquella gente se había ganado todo nuestro respeto y admiración. Todos y cada uno de ellos habían contribuido siempre con una sonrisa a que nuestra estancia fuera lo más cómoda posible, distinguiendo perfectamente como si dispusieran de un metrónomo que marcará los tempos, cuándo debían estar y cuándo debían quedarse en un segundo plano, especialmente Ary (el guía) este punto, como tantos otros, lo bordaba.

Ya en tierra firme, como nos quedaban dos horas y media antes de ir al aeropuerto, Ary ha tenido el detalle de llevarnos a ver una casa tradicional de Borneo, que tenían como de exposición y luego a navegar por un río con unas pequeñas y precarias embarcaciones, aunque con cierto encanto, dentro del pueblo. Durante ese paseo de treinta minutos pudimos conocer un poco la vida que la gente local desarrollaba en ambos márgenes del río (bastante miseria y mucha basura, en Asia no existe conciencia por preservar la naturaleza).

Finalmente, tras visitar un mercado local, nos han llevado al aeropuerto.

Llegaba el momento de despedirnos de Ary. No tengo palabras, lo tiene todo para prosperar en la vida: listo, muy listo, con muchas ganas de hacer las cosas bien y cada vez con más recursos económicos. Nos despedimos afectuosamente, invitándole a devolvernos la visita. (Nota: Esta fue nuestra impresión sobre Ary en 2016, hoy en día creo que ya no se lo curra tanto y he leído alguna que otra mala referencia).

El tiempo en Borneo se agotaba, había que subir al avión, un avión de hélices muy pequeño nos llevaría a Surabaya, volvíamos a la caótica isla de Java.

El avión ha despegado y desde la ventanilla, el tiempo (bastante despejado) me ha permitido contemplar aquellos bosques por última vez.

Definitivamente este recóndito rincón del planeta se ha ganado a pulso un trocito de mi corazón y nos ha permitido vivir una experiencia que difícilmente olvidaremos. El viaje continúa y los volcanes nos esperan.

Tres años después y con unos cuantos países en nuestras mochilas puedo seguir diciendo que esta fue una de las experiencias de las que mejor recuerdo guardo.